Hace poco he visto El Precio de la Verdad. Esto es lo que pienso:
Lo primero que me llama la atención tras ver la película es comprobar que la historia basada en hechos reales que cuenta está tan sólo levemente alterada. Hasta el nombre del protagonista de esta gran mentira se mantiene en la cinta. La única reflexión que puedo sonsacar de este curioso dato (curioso, teniendo en cuenta que no es práctica habitual en las películas basadas en historias reales) es que los productores del film han querido hacer uso del tan cacareado rigor periodístico a la hora de plasmar el guión. Debe ser un homenaje a la profesión que los guionistas, esos genios de la imaginación y la inventiva, relaten sin filtros y en un alarde de ética periodística el curso de una carrera como la de Stephen Glass. Un ‘personaje’ al que no logro entender. Sólo unas leves referencias familiares pueden hacer comprender el origen de ese ‘pequeña’ manía de Glass a la hora de realizar su trabajo de ‘redactor-estrella’. A pesar de estas pistas, sigo sin asimilar el comportamiento de Glass. Supongo que su conducta abarca competencias psiquíatricas que se me escapan.
Algo que la película no muestra es cómo un joven licenciado llega tan rápido a un puesto de responsabilidad en un semanario de tanta influencia y prestigio. Esto me chirría bastante, ¿un ‘niñato’ escribiendo en Time o alguna de esas revistas que se erigen como adalid del gran periodismo? No me encaja, ¿hay enchufe o simplemente era un gran novelista?
Una duda-reflexión y pseudoconclusión: ¿Cómo queda la credibilidad de todos esos mecanismos de comprobación y verificación de la información que en las facultades venden como el ‘abc’ del periodismo? ¿De qué sirve todo eso en algunas publicaciones como The New Republic? ¿Y en los demás medios de comunicación?
